miércoles, 20 de abril de 2011

LA MALARIA UNA ENFERMEDAD ERRADICABLE

Como cada 25 de abril, Día Mundial Contra la Malaria, medicusmundi vuelve a reivindicar la necesidad de que los Gobiernos se comprometan en la lucha contra esta enfermedad... pero no todo vale. Exigimos una estrategia eficaz, que fortaleza el sistema de salud en su conjunto, teniendo siempre en cuenta la cultura y tradiciones locales.

Tras cuatro años de estar inmersos dentro de la campaña internacional Stop Malaria Now! (¡Paremos la Malaria ya!) medicusmundi reflexiona sobre la situación actual de la malaria, una enfermedad erradicable pero que acaba con la vida de alrededor de un millón de personas al año, la mayoría en África Subsahariana.

Y es que, desde un punto de vista médico-científico, tenemos todas las herramientas para poder erradicarla. Existen medidas preventivas eficaces basadas en acabar con el mosquito. Además, hay métodos para protegerse de su picadura, el más eficaz el uso de mosquiteras impregnadas de repelente.

Hay otras medidas más controvertidas, como es el rociado interior de las paredes de las casas con DDT, cuyos posibles efectos nocivos en la salud están siendo cuestionados en la actualidad. Y en el caso de que la persona ya esté afectada por la enfermedad existe un tratamiento a base de terapias combinadas de Artemisa, pero se sigue investigando en la vacuna definitiva cuya utilidad dependerá de factores como: protección, duración, coste…

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015 recuperaron el compromiso de combatir contra esta enfermedad, y desde entonces numerosas iniciativas internacionales han intentado erradicarla. Entonces… ¿por qué sigue afectándonos tanto esta enfermedad?

En primer lugar, por la falta de acceso a las medidas más eficaces: el 60% de las personas que habitan en el continente africano no utilizan las mosquiteras impregnadas de insecticida, y solamente el 15% de niños y niñas del África Subsahariana tienen acceso al tratamiento combinado con artemisina.

Esto ocurre entre otras cosas, porque ni la Comunidad Internacional, ni los propios Gobiernos de los países afectados han destinado los recursos comprometidos. Se necesitarían 6.000 millones de dólares cada año para luchar contra ella, sin embargo, en 2009 solamente se destinaron 1.700 millones.

El segundo factor más relevante es que las estrategias de lucha contra la malaria internacionales se han volcado en intentar mejorar exclusivamente el acceso de la población a tratamientos y medidas de prevención específicos, pero sin fortalecer el conjunto del sistema de salud local. El problema es que sin personal sanitario suficiente y capacitado que pueda diagnosticar, sin un canal de distribución de medicamentos eficaz, sin un centro de salud donde se pueda dar la atención... las medidas contra esta enfermedad dejan de ser sostenibles, así que una vez finalizada la ayuda externa, desaparecen los resultados obtenidos.

Por otra parte, a nadie se le ocurriría aquí, en Europa, aceptar ir a un centro de salud y encontrar medicamentos solamente para ciertas enfermedades. En África y otros países empobrecidos se genera una medicina selectiva que dificulta que la población confíe en el sistema de salud, ya que para estas personas supone un gran gasto de tiempo y dinero, sin tener la garantía de un tratamiento eficaz.

Por último, estas iniciativas no han tenido en cuenta los patrones culturales de cada población. Se ha contabilizado el número de mosquiteras distribuidas pero no las que realmente son usadas. En una comunidad pigmea de Camerún, medicusmundi ha comprobado como las mosquiteras eran usadas para pescar, pues la población, si bien conocía la enfermedad, no conocía su mecanismo de transmisión, y muchos de ellos no usaban camas.

Pero a pesar de todos estos factores negativos que entorpecen y retrasan su erradicación, desde medicusmundi estamos convencidos de que es posible acabar con esta enfermedad, pero se necesita un compromiso real y que la estrategia que se utilice sea eficaz, fortalezca el sistema de salud en su conjunto y tenga en cuenta la idiosincrasia local.
Autor: Carlos Mediano. Responsable de Investigaciones de medicusmundi.

viernes, 15 de abril de 2011

ERRADICAR LA MALARIA: UN SUEÑO QUE PUEDE CONVERTIRSE EN

Como cada mañana, me asomo a la ventana y contemplo el devenir continuo del majestuoso río Níger. Comienza el día y los habitantes del pequeño poblado africano inician sus tareas diarias.

Niños y niñas que acuden a la escuela, hombres y mujeres que presurosos van al trabajo o al mercado en busca de los alimentos necesarios para cocinar.

Y una vez más me acerco, como todos los días, al grupo de ancianos y ancianas de pelo cano y arrugas marcadas por el paso del tiempo, que sentados al aire libre disfrutan del paisaje mientras entrelazan sus recuerdos.

Me gusta escucharlos mientras recuerdan la época en que el mosquito vivía entre ellos, transmitiéndoles la malaria, cómo enfermaban a menudo sin poder acudir al trabajo y cómo entonces su familia pasaba hambre.

¡Aquellos escalofríos alternando con la elevada temperatura!

También recuerdan cuando algún miembro de su familia enfermaba. Aún sienten la impotencia que vivieron por no poder comprar las medicinas que les sanarían.

Recuerdan los años en que el mosquito era una amenaza para su salud y desarrollo.

Siento su dolor cuando miro sus ojos llenos de lágrimas al recordar al padre, a la madre, a la esposa, al esposo, al hijo o hija, al amigo o al vecino muertos por culpa de su pequeño enemigo.

Pero llegó el saneamiento ambiental, se construyeron las alcantarillas, se desecaron las charcas y se fumigaron las casas.

Había medicamentos para todos y llegó la esperada vacuna.

Como enfermaban menos trabajaban más y podían comprar comida suficiente para alimentar a su familia y comenzaron a prosperar.

Los niños y niñas ya no perdían días de escuela y adquirían los conocimientos necesarios para su desarrollo, que ya no estaba comprometido.

Entonces desaparecen las lágrimas de sus ojos y aparece la alegría al tener la seguridad de que sus nietos y nietas ya tienen las mismas oportunidades que los habitantes de los otros países donde el mosquito hace muchos años que desapareció.

Y me siento orgullosa porque entre todos lo conseguimos. Fue una pelea dura, larga, pero la unión y la voluntad de todas las personas lo lograron.

Pero….y este ruido? Miro a mi alrededor, reconozco las cortinas de mi habitación y entonces comprendo que todo ha sido un sueño, que no estoy en ese pequeño poblado africano. No escucho sus voces ni sus relatos porque no hay nada que contar, las cosas poco han cambiado.

No hay vacuna y los medicamentos siguen siendo inalcanzables para la mayoría de los habitantes de Africa.

El mosquito sigue viviendo allí, trasmitiendo la malaria, enfermando y matando a hombres, mujeres, niños y niñas, impidiendo su desarrollo.

Pero mi sueño puede cumplirse. Entre todos podemos lograrlo.
Mirentxu Cebrian (voluntaria Medicusmundi)

jueves, 7 de abril de 2011

El co-pago en sanidad

>>> Medicusmundi: Desde medicusmundi se piensa que el copago no parece que sea una herramienta muy eficaz en un sistema de salud que se declara universal y por supuesto que no mejora el acceso, sino que lo frena: Se debe mejorar mucho más la gestión del sistema de salud para hacerlo más eficiente y eficaz, y responda así a las necesidades de los ciudadanos.
> Hervé Bertevás, vocal de la Junta Directiva de Médicos del Mundo: La idea de cobrar por servicios sanitarios se hizo popular en África en los 80, por recomendación del Banco Mundial y del FMI que proponían sistemas de “cuotas de usuarios” para recaudar fondos e incrementar los bajos presupuestos públicos de salud. Se pensaba que servirían para reducir la presión sobre los sistemas sanitarios disuadiendo de acudir al médico a aquellas personas cuyos problemas no fueran de gravedad. Los resultados de estas medidas han sido negativos. En la actualidad, cada vez más organizaciones nacionales e internacionales y donantes de los países en desarrollo promueven un cambio de modelo, apostando por desmontar los sistemas de cuotas de usuarios. [...] Establecer un sistema de cuotas por servicios sólo reducirá la demanda de quienes tienen menos recursos económicos, especialmente en un contexto de crisis económica. Una reducción de las visitas médicas puede traducirse en una limitación del acceso al cuidado preventivo lo que podría provocar así un incremento de la utilización de servicios médicos más costosos como los de urgencia y la atención hospitalaria.
> Graciela Malgesini Rey, responsable de formación e incidencia política de EAPN: La introducción de un “co-pago” introduce un efecto perverso, porque realmente se trataría de un “re-pago”, es decir pagar dos veces por el mismo servicio. [...] Cualquier nuevo pago adicional generaría una desigualdad mayor a las personas con menores recursos, especialmente teniendo en cuenta el momento actual, con 5 millones de personas desempleadas que tienen familias a cargo; con las pensiones congeladas y con una parte de ellas por debajo del umbral de la pobreza (pensiones de viudedad y de orfandad, no contributivas, incluyendo las rentas de inserción o rentas mínimas y las pensiones mínimas) y los salarios de las personas trabajadoras (de los no-directivos, claro) sin actualizar.